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LAS COSAS COMO SON


Son muchas las ocasiones que interpretamos las cosas desde nuestra perspectiva y esperamos que sean como las queremos, pero cuando descubrimos cómo son en realidad nos llevamos una gran desepción, guardemos nuestro corazón de frustraciones, no hagamos interpretaciones logeras de las cosas. la siguiente historia es un ejemplo de ello.
Había un apuesto joven dedicado a cortejar a tres hermanas. Un buen día a éstas se les acabó la paciencia y le presentaron un ultimátum al joven: tenía que decidirse por una de ellas.
El afortunado galán les hace llegar una nota en mano a cada una al tiempo que les anuncia que debe marchar urgentemente de viaje y ya que no ha podido puntuar la respuesta correctamente, que sean ellas las que se encarguen de hacerlo.
Cada una de las señoritas se lanza apresuradamente sobre su papel que contiene la ansiada respuesta en verso. En los tres había escrito lo mismo:
Juana Teresa y Leonor
puestas de acuerdo las tres
me piden que diga cuál es
la que prefiere mi amor
Si obedecer es rigor
digo pues que amo a Teresa
no a Leonor cuya agudeza
compite consigo ufana
no aspira mi amor a Juana
que no es poca su belleza
Teresa no lo dudó ni un momento. Según su puntuación, ella era la elegida:
Si obedecer es rigor,
digo, pues, que amo a Teresa.
No a Leonor, cuya agudeza
compite consigo ufana.
No aspira mi amor a Juana,
que no es poca su belleza.
Leonor también lo vio claro: la elegida era ella:
Si obedecer es rigor,
¿digo, pues, que amo a Teresa?
No, a Leonor, cuya agudeza
compite consigo ufana.
No aspira mi amor a Juana,
que no es poca su belleza.
Mientras Juana tampoco tuvo ninguna duda a la hora de puntuar y de entender que la elegida era ella:
Si obedecer es rigor,
¿digo, pues, que amo a Teresa?
No. ¿A Leonor, cuya agudeza
compite consigo ufana?
No. Aspira mi amor a Juana,
que no es poca su belleza.
Hubo que esperar a que regresara del viaje el joven para que aclarara el enigma y le pusiera la correcta puntuación al verso.
Si obedecer es rigor,
¿digo, pues, que amo a Teresa?
No. ¿A Leonor, cuya agudeza
compite consigo ufana?
No. ¿Aspira mi amor a Juana?
!Que no! Es poca su belleza.
Ninguna de las tres resultaba elegida.
Al fin y al cabo "yo lo coloco y ella lo quita. Pero si yo lo quito, ella lo caza" tiene, en la mayoría de los casos, mucho menos sentido que "yo loco, loco, y ella loquita. Pero yo si loquito, ella locaza". Al menos en ciertos "ambientes". Mañana más.



2 comentarios:

grodwin arif dijo...

sencillamente excelente

Schatten dijo...

Jajaja...
La cruel realidad... Cada quien ve lo que quiere ver... y eso me pasa a mi también. Claro es entendible, siendo economista veo que las personas responden a incentivos y a su propio egoísmo (Soy una persona). Pero si nos damos cuenta, es el amor el gran poder humano. Aclaro un poco esta idea: Ese egoísmo nos trunca, y nos lleva a un equilibrio en la sociedad, aunque no sea un equilibrio óptimo. Matemáticamente demostrado, si todos nosotros optamos por compartir y amarnos unos a otros (Amor ágape) y dejamos de lado nuestros intereses personales, vamos a llegar a un punto de equilibrio óptimo. En pocas palabras, es el altruismo una forma evolucionada de egoísmo.
Salu2 pastor Luis de parte de los Rozo