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¿CON QUIEN ME CASARÉ?

Reflexionando sobre la forma en que Dios proveyó a Eva para Adán, los judíos dicen que el hombre tiene la tarea de encontrar su “costilla perdida”.

Como cristianos desearíamos tener por delante una lista de características que nos sirvan de guía en la selección de nuestro cónyuge. Luis Palau sugiere una lista de trece elementos que deben ser guardados en mente por la persona durante el proceso de esta elección. El los presenta en forma de preguntas:

1. ¿Es o no es un cristiano verdadero? Es decir, no deben las personas pretender ser cristianos simplemente para poder casarse con el que en realidad es cristiano.

2. ¿Estoy orgulloso de ella o me avergonzaría de presentarla a algún personaje importante?

3. ¿La considero inferior a mí en algún sentido?

4. ¿Siento respeto por ella o me tomo ciertas libertades para maltratarla o abusar de ella?

5. Al estar en oración, ¿siento tranquilidad al pensar en casarme con esta señorita, o con ese joven?

6. ¿Tengo plena confianza en su amor y fidelidad, o siento sospechas y celos infundados, inventados por mi corazón esquivo?

7. ¿Podemos conversar por largas horas sin aburrirnos, o no tenemos nada más que conversar?

8. ¿Estoy dispuesto a esperar cuanto tiempo sea necesario? La cualidad de poder hacer las cosas en su debido tiempo demuestra una madurez que es elemental para llevarse bien en el matrimonio.

9. ¿Quiero ser yo la clase de persona que ella puede respetar, o pretendo hacer todo por la fuerza? (Hay una relación entre esta pregunta y la del número4. Ambas radican en el problema del egoísmo que es el enemigo número uno de las buenas relaciones.)

10. ¿Es ella idónea para mí? ¿Suplirá las deficiencias mías? Y yo, ¿supliré las deficiencias de ella? ¿Es él el joven idóneo para mí? La idea aquí es que los dos sean complementos el uno del otro. No es que deban de ser tan distintos, como será presentado más adelante en el tema acerca de la compatibilidad.

11. ¿Me resulta físicamente atractiva esta persona con la cual pienso casarme?

12. ¿Están de acuerdo y satisfechos mis padres —y los de ella o de él, según el caso— de nuestro noviazgo y posible casamiento en el futuro? Palau sugiere que el seguir con los planes de casarse en contra de los deseos de los padres es peligroso e impropio. Efesios 6:1; Colosenses 3:20.) Es cierto, el no tener la aprobación de los padres es traer angustia y frustración a la pareja. Es aconsejable, cuando los padres se oponen, preguntarse ¿por qué? Quizá ellos están esperando ver más madurez en la pareja. O más responsabilidad económica, o más disciplina propia. Palau propone que la pareja averigüe la razón de los padres, pero que recuerde ser solícita, sincera, sencilla y humilde en su trato. También es bueno confiar en que, si Dios quiere que una pareja se case, él mismo puede cambiar la opinión de los padres, basado por cierto en el comportamiento responsable de los jóvenes.

13. ¿Amo o no amo a esta persona con quien digo que me voy a casar? Quizá a esta lista se necesite agregar unas cualidades más que ayudarían a formar el concepto de un compañero ideal. Todo esto es lo que a veces se llama elementos de compatibilidad. Ralph Phelps menciona algunos asuntos interesantes que merecen la consideración de cualquier pareja que esté buscando la voluntad de Dios para ellos.



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