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LA TRAGEDIA


Esta es la carta que una hija escribe al vivir las consecuencias de la infidelidad de su padre.

Querido Papá:
Es tarde en la noche y estoy sentada en mi cama describiéndote. Muchas veces he deseado hablar contigo durante las últimas semanas, pero parece que nunca hay tiempo para hablar cuando estamos solos.
Papá, yo sé que estás saliendo con otra mujer, y sé que probablemente tú y Mamá nunca vuelvan a estar juntos. Esto es muy difícil de aceptar, especialmente al saber que tal vez nunca más vuelvas a vivir en casa, y Héctor y yo no podamos disfrutar de tu presencia como padre todos los días. Pero al menos deseo que comprendas lo que está sucediendo en nuestras vidas.
No pienses que Mamá me pidió que te escribiera. Ella no lo hizo. No sabe que estoy escribiendo, ni tampoco Héctor lo sabe. Simplemente deseo compartir contigo lo que he estado pensando.
Papá, siento como si nuestra familia hubiera estado viajando en un hermoso automóvil durante largo tiempo.
Tú sabes, esa clase de auto que a ti te gusta que tu compañía te proporcione, con muchos accesorios opcionales en su interior y por fuera sin un solo rasguño.
Pero, con el paso de los años, el automóvil ha desarro­llado algunos problemas. Echa mucho humo, las ruedas se balancean y el tapizado de los asientos se ha roto. Se ha tornado difícil conducir este vehículo a causa de todas las sacudidas y los bamboleos; pero aún sigue siendo un gran automóvil, o al menos, podría serlo. Con un poco de trabajo, sé que podría seguir marchando por muchos años.
Desde que tenemos este automóvil, Héctor y yo hemos ocupado el asiento de atrás, mientras tú y Mamá iban en el asiento de adelante. Nos sentíamos realmente seguros al tenerte a ti al volante y a Mamá sentada a tu lado. Pero el mes pasado Mamá tuvo que ponerse al volante.
Era de noche y acabábamos de doblar en la esquina de nuestra casa. De repente, levantamos la vista y vimos otro automóvil fuera de control que venía en dirección a nosotros. Mamá trató de esquivarlo, pero sin embargo el otro vehículo se estrelló contra nosotros. El impacto nos hizo salir del camino y chocamos con una columna del alumbrado.
Justo antes del choque, Papá, vimos que tú eras quien conducía el otro automóvil. Y vimos otra cosa: a tu lado estaba sentada otra mujer.
Fue un accidente tan terrible que nos llevaron a todos a la sala de emergencia del hospital. Pero cuando pregunta­mos dónde estabas tú, nadie sabía. Todavía no estamos muy seguros de dónde estás, o si estás herido o si necesitas ayuda.
Mamá se lastimó seriamente. Cayó sobre el volante y se rompió varias costillas. Una de ellas le perforó un pulmón y casi le atraviesa el corazón.
Cuando el automóvil chocó, la puerta de atrás golpeó a Héctor. Estaba lleno de cortaduras a causa de los vidrios rotos y se quebró el brazo, así que ahora lo tiene enyesado. Pero eso no fue lo peor. Todavía sigue en un estado de shock y siente tanto dolor que no desea hablar ni jugar con nadie.
En lo que a mí respecta, fui despedida del automóvil. Permanecí allí en el frío durante largo rato con una pierna fracturada. Tirada en el pavimento, no me podía mover y no sabía qué les había pasado a Mamá y a Héctor. Sentía tanto dolor que no podía ir a ayudarles.
Desde aquella noche, muchas veces me he preguntado si alguno de nosotros podrá reponerse. Aunque estamos un poquito mejor, todavía estamos en el hospital. Los doctores dicen que necesito mucha terapia en la pierna, y sé que podrán ayudarme; pero desearía que fueras tú quien me ayudara, en lugar de ellos.
El dolor es muy fuerte, pero lo que es peor aun es que todos te echamos de menos. Todos los días esperamos que vengas a visitarnos al hospital, pero tú no vienes. Sé que todo ha terminado; pero mi corazón estallaría de alegría si pudiera levantar la vista y verte entrar a mi habitación.
De noche, cuando el hospital está en silencio, nos llevan a Héctor y a mí a la habitación de Mamá, y los tres hablamos de ti. Hablamos de cuánto nos gustaba viajar contigo y de cómo nos gustaría que ahora estuvieras con nosotros.
¿Estás bien? ¿Tienes algún dolor a causa del choque? ¿Nos necesitas así como nosotros te necesitamos a ti? Si me necesitas, estoy aquí y te amo.
Tu hija,
Adriana

Tomado del libro EL IRRESISTIBLE LENGUAJE DEL AMOR de Gary Smalley y John Trent

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