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PREGUNTA SOBRE EL ABORTO


El Dr. Dobson contesta sus preguntas.

¿Expresaría usted su opinión sobre el asunto del aborto provocado? ¿Cómo ve usted los asuntos morales en relación con esto, especialmente desde la pers­pectiva cristiana?

He considerado este asunto desde cada punto de vista y estoy opuesto al aborto provocado de manera absoluta y sin lugar a dudas. Hay muchas consideraciones que me llevaron a esta posición, incluyendo el impacto del aborto en nuestra percepción de la vida humana. Por ejemplo, es interesante notar que una mujer que piensa ponerle fin a su embarazo suele referirse a la vida que está dentro de su cuerpo como "el feto". Sin embargo, si tiene la intención de dar a luz, amar y cuidar a ese pequeño niño, le llama cariñosamente "mi bebe". La necesidad de hacer esta distinción es evidente: Si vamos a matar a un ser humano sin que nos sintamos culpables, primero tenemos que despojarle de su valor y dignidad. Tenemos que darle un nombre clínico que le niegue la posición de persona. Eso se ha logrado de manera tan efectiva en nuestra sociedad que ahora se puede sacrificar a un feto durante los primeros seis meses de gestación sin que nadie sienta que se ha perdido algo. Habría una protesta pública a mucho mayor si estuviéramos destruyendo cachorritos y gatitos que la protesta que hay por más de un millón de abortos que ocurren en Estados Unidos anualmente. El siquiatra Thomas Szasz expresa sus pensamientos sobre la actitud casual con que hemos aceptado estas muertes, escribiendo lo siguiente: "[Los abortos] deberían estar disponibles de la misma manera que, digamos, la cirugía plástica para embe­llecer la nariz".
Estoy de acuerdo con el doctor Francis Schaeffer en que el cambio en las actitudes legales hacia el aborto acarrea enormes consecuencias para la vida del ser humano en todos los niveles. Si los derechos del niño que todavía no ha nacido pueden sacrificarse, por una reinterpretación del Tribunal Supremo, ¿por qué no podrían promulgarse leyes autorizando que se les quite la vida a otras personas que no son necesarias? Por ejemplo, lo inconveniente y costoso que es cuidar a los retardados mentales, fácilmente podría conducir a la misma justificación social que ha animado a muchos a matar a los niños que aún no han nacido (o sea, ellos serían una molestia costosa si se les permitiera vivir). ¿Y qué tal si nos libramos de los ancianos, que no contribuyen en nada a la sociedad? ¿Y por qué debiéramos permitir que vivan los niños defor­mes, etcétera? Quizás usted piense que esas posibilidades escalofriantes nunca serán una realidad, pero yo no estoy muy seguro de eso. Ya vivimos en una sociedad donde algunas personas están dispuestas a matar a un bebé que todavía no ha nacido, simplemente porque el examen de amniocentesis muestra que no es del sexo deseado.
Hay muchos otros aspectos de este asunto del aborto que hacen resaltar el mal que es parte inseparable del mismo; pero para mí la evidencia más importante viene de las Escrituras. Por supuesto, la Biblia no habla directamente de la práctica del aborto. Sin embargo, me he quedado asombrado de ver cuántas referencias se hacen, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, al conocimiento personal que Dios tiene de los niños antes de su nacimiento; no sólo está consciente de su desarrollo en el vientre de sus madres, sino que los conoce de manera específica como seres personales únicos e individuales.
Considere los siguientes ejemplos:
1.  El ángel Gabriel dijo de Juan el Bautista: "Y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre' (Lucas 1:15, énfasis agregado).
2.   El profeta Jeremías escribió de sí mismo: "Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones" (Jeremías 1:4-5, énfasis agregado).
Estos dos individuos no eran de ninguna manera em­briones inhumanos antes de su nacimiento. Ya eran co­nocidos por el Creador, quien les había asignado la obra que realizarían en su vida por decreto divino.
3.   En el libro de Génesis dice:
Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; y le respon­dió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; él un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor".
Génesis 25:21-23
De nuevo vemos que Dios conocía las personalidades que se estaban desarrollando en estos gemelos que aún no habían nacido y predijo sus futuros conflictos. El odio mutuo entre sus descendientes sigue siendo evidente en el Medio Oriente.
4.   El mismo Señor Jesucristo fue concebido por el Espíritu Santo, lo cual confirma la relación de Dios con Cristo desde el momento en que era una sola célula en el vientre de María. (Vea Mateo 1:18.)
5.   Sin embargo, el ejemplo más dramático se encuentra en el Salmo 139. El Rey David da una descripción de su propia relación prenatal con Dios, que tiene un impacto imponente:
Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.
Salmo 139:13-16
Ese pasaje es emocionante para mí, porque sugiere que Dios no sólo había planeado cada día de la vida de David, sino que hizo lo mismo para mí. El estuvo allí cuando yo fui formado en total aislamiento, y él personalmente hizo todas las delicadas partes internas de mi cuerpo. ¡Imagínese eso! El Gran Creador del universo amorosamente supervisó mi de­sarrollo durante esos días antes de la consciencia dentro del útero, así como lo hizo para cada ser humano sobre la tierra. ¡Seguramente, quien pueda comprender este concepto sin sentirse animado está emocionalmente muerto!
Desde mi punto de vista, estos pasajes bíblicos refutan de manera absoluta la idea de que los niños que todavía no han nacido no tienen alma y no son personas hasta que nacen. ¡No lo puedo creer! Nada puede justificar el acto de separar a un pequeño ser humano, totalmente sano, de su lugar de seguri­dad y dejarlo sobre una mesa de porcelana para que se asfixie. Ninguna consideración social o económica puede eliminar nuestra culpa colectiva por destruir esas vidas que estaban siendo formadas a la imagen de Dios. A través de los evange­lios, Jesús mostró su ternura hacia los niños y niñas ("Dejad a los niños venir a mí"), y algunas de sus advertencias más temibles fueron dirigidas a los que les hacen daño a los niños.
Estoy firmemente convencido de que Dios no nos considerará inocentes de nuestro cruel infanticidio. Como le dijo a Caín, quien mató a su hermano Abel, nos dirá a nosotros: "La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra".
Sin duda, otros cristianos han llegado a la misma conclu­sión. Pero tengo que preguntar: ¿Dónde se encuentran los líderes morales que están de acuerdo conmigo? ¿Por qué algunos pastores y ministros han sido tan tímidos y callados sobre este asunto de vital importancia? Es hora de que la iglesia cristiana se arme de valor y hable a una voz en defensa de los niños aún no nacidos que no pueden suplicar por sus propias vidas.

Tomado del volumen 1. 
Matrimonio y sexualidad. 
El Dr Dobson contesta sus preguntas.

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